Discurso de CIG Galicia
13 Septiembre 2007“La mujer trabajadora en las situaciones actuales y el papel del movimiento sindical clasista”
Conferencia Internacional Sindical de la Federación Sindical Mundial (FSM)
13 e 14 de septiembre, Bruxelas (Bélgica).
En primer lugar quiero agradecer la oportunidad que nos brinda la Federación Sindical Mundial por invitarnos a esta Conferencia Internacional, y agradecer la posibilidad de que la central sindical a la que represento, la Confederación Intersindical Galega, pueda exponer aquí sus propuestas ante los problemas con los que se enfrentan las mujeres trabajadoras en este período de capitalismo globalizado. Por todo ello gracias.
La incorporación de las mujeres al mundo laboral, es una realidad cada vez mayor, más sigue siendo hoy en día un camino lleno de obstáculos y limitaciones. Las mujeres somos excluidas del mercado laboral y discriminadas simplemente por el hecho de pertenecer al género femenino. Más aún, en la etapa actual de globalización neoliberal, de centralización y concentración de la riqueza, de imperialismo, y por tanto de recolonización y de aumento de la dependencia. En la actualidad estamos asistiendo al acrecentamiento de la tasa de ganancias de las grandes empresas, aunque al mismo tiempo, y como consecuencia de lo anterior, de recular sin precedentes de las rentas de las asalariadas, de las condiciones laborales y de las prestaciones públicas esenciales… pero también un retroceso económico de las pequeñas empresarias, de las agricultoras y marineras.
En los últimos años continuó la tendencia anterior de concentración y centralización de la riqueza, un hecho consubstancial con la globalización neoliberal, lo que aumentó las diferencias entre territorios y un menor control nacional sobre el aparato productivo y los mecanismos de poder institucionales, así como un crecimiento más bajo del PIB de Galiza en relación con los países y regiones de nuestro entorno.
El ahundimiento de la dependencia externa, también tuvo hacia dentro del país efectos semejantes: aumentó la diferencia de clases y entre territorios. La clase trabajadora perdió capacidad económica, pese a aumentar su peso porcentual en el total del pueblo ocupado y crecer la jornada laboral real. Altas tasas de paro y precariedad, emigración y baja natalidad, son las consecuencias de la aplicación sin matizaciones de los planes imperiales para nuestro país y de la falta de fuerzas nacionalistas que tengan hegemonía en las instituciones.
Nunca la situación laboral, de condiciones de trabajo y vida, de la clase trabajadora estuvo tan unida al papel que tenga Galiza en el contexto del Estado, de la UE y mundial, como hoy. Evidentemente esto es así a causa del proceso de globalización y de la estrecha relación entre economía y poder político, y entre esta y cultura de masas y control de los medios de comunicación.
En este contexto, desde antes hasta hoy, en comparación con los hombres, tenemos menos posibilidades y menos derechos en el acceso y ejercicio del empleo. En estos momentos podemos disfrutar de una mejora notable en el enfoque legislativo o político en cuanto a la implantación de la igualdad de oportunidades, pero aún se producen y mantienen las prácticas de desigualdad y discriminación sobre todo en el mundo laboral.
Hay una serie de circunstancias propias de las mujeres:
♀ Edad
Factor invariable; la barrera más frecuente y más visible en gran parte de las ofertas que se reciben y gestionan desde las entidades o que se encuentran en los canales habituales de búsqueda de trabajo (prensa, anuncios, ETT’s…). A pesar de que nunca dejaremos de sensibilizar, de concienciar y de reducir la emergencia de las barreras perceptibles, las empresas podrán replantearlas a través de discriminaciones indirectas (ex.: no exigen una edad mínima, pero sí “años de experiencia”).
En su escala, afecta a las dos polaridades, a las mujeres mayores de 45-50 anos, que no trabajaron anteriormente en el mercado laboral remunerado, y por otro lado, a las jóvenes las descartan por una supuesta falta de experiencia profesional y/o laboral.
♀ Discapacidad
Otra barrera, constante y de difícil solución, sobre todo si pensamos desde la perspectiva de género. Es cierto que existen muchos recursos institucionales y sociales para solventar esta problemática, pero nos parece que falta un recurso dirigido específicamente a las mujeres con estas características.
♀ Disponibilidad horaria / cargas familiares
La disponibilidad horaria limitada, reducida por las cargas familiares (cuidado de la familia en general, y especialmente de los/de las hijos/as, personas mayores, enfermas) y vista desde la perspectiva de género, es la barrera más típica que encuentran las mujeres a la hora de conseguir o mantener un trabajo.
La visión de una elevada parte del empresariado estima que las mujeres con cargas familiares no tienen disponibilidad para hacer horas extras, viajes de negocios o campañas intensivas de trabajo.
También se mantiene el concepto generalizado de que estas mujeres presentan más incapacidad laboral transitoria (baja laboral), aunque algunos estudios muestran que la misma es mayor en los hombres por motivos bien diferentes (lesiones deportivas durante el fin de semana, exceso “de consumo” de bebidas u otros factores).
En definitiva el mundo laboral aún funciona según el modelo masculino.
♀ Víctimas de violencia de género
A peses de las novedades legislativas en este sentido, el empresariado evita contratar a una mujer víctima de violencia de género, sea por desconocimiento de su problemática o por miedo de su mayor sensibilidad emocional, mayor carga familiar, posibles intrusiones del agresor, etc.
♀ Salud
La maternidad a menudo supone a menudo consecuencias laborales adversas, tales como obstáculos en la contratación y causa encubierta de remate del contrato. Aún hoy se rechaza a las mujeres por la simple pertenencia al género femenino, relacionando esta pertenencia con un período de inactividad laboral por preñez y posterior lactancia.
El creciente número de mujeres que se incorpora al mercado laboral determina la importancia de la prevención de riesgos potenciales para el embarazo y la lactancia natural en los lugares de trabajo.
♀ Profesiones feminizadas
Los trabajos que mayoritariamente desarrollan las mujeres están relacionados con el cuidado de otras personas y el trabajo doméstico (enfermeras, maestras, cuidadoras, limpiadoras) y con los ritmos excesivos, sin posibilidad de rotar y repetitivos (cajeras, cadenas de producción, textil, telemarketing). Estos riesgos producen daños para la salud por el tipo de tareas que se desarrollan, que aparecen de manera lenta y progresiva como son las enfermedades profesionales, la fatiga, la insatisfacción o el estrés.
♀ Aspecto físico/imagen corporal
Está claro que estos aspectos no deberían influir en el éxito laboral, pero también es cierto que soy una barrera.
Todo este tipo de discriminaciones imperan hoy en día y dificultan, por lo tanto, el gran reto social, que es la incorporación femenina al mercado laboral en condiciones de igualdad. El gran reto actual de los sindicatos, de la ciudadanía, del empresariado y de la administración pública es la incorporación de la mujer al mercado laboral en condiciones de igualdad.
Es cierto que se produjeron avances en los últimos años jurídica y políticamente en materia de igualdad de géneros, aunque no tanto en el aspecto ético y simbólico.
Desde la CIG apostamos porque los logros obtenidos en materia de igualdad a nivel jurídico háganse prácticos porque hay una brecha muy grande entre la igualdad de derecho y la de hecho.
Apostamos por la ruptura del techo de cristal que impide el acceso de las mujeres a puestos de responsabilidad y, fundamentalmente, al poder económico. El camino avanzado es muy grande, pero el camino que queda por recorrer es mucho mayor.
Demos algunas cifras. Por citar alguna, la tasa de temporalidad de la mujer en Galiza en el año 2006 se disparó hasta llegar al 38,6%. Algo especialmente preocupante en un año donde se venía de poner en marcha una nueva reforma laboral por la cual se destinaron cuantiosos fondos públicos a los empresarios para, teóricamente, incrementar la calidad del empleo, especialmente en los colectivos más desfavorecidos entre los que la mujer es mayoría.
Sin embargo, lejos de mejorar las condiciones laborales de la mujer, la temporalidad se incrementó, de media, un 1,8%, sobre todo en el sector público. Un dato que confirma que el problema de la temporalidad no es un problema de coste y que estas reformas no consiguen los objetivos para los que teóricamente fueron concebidas.
En ese sentido se adelantó muchísimo en el discurso político, pero no mudó la situación y alerta de que caemos en el peligro de descansar en las buenas palabras y no poner en marcha las medidas necesarias para impulsar un cambio social real.
De hecho, desde la CIG entendemos que entre las medidas pendientes sería prioritario dotar a Galicia de una red asistencial de servicios sociales que garantice la posibilidad de conciliar vida laboral y familiar.
La ausencia de esta red dificulta, cuando no impide, a la mujer acceder a un puesto de trabajo y genera, una preocupante situación porque muchas mujeres, cuando dejan de opinar los hijos y las hijas y podrían integrarse en el mundo laboral se ven nuevamente imposibilitadas porque tienen que comenzar a opinar de las personas mayores.
Pero si la alta tasa de envejecimiento de la población y la ausencia de medidas de apoyo es un problema, no lo es menos la bajísima tasa de natalidad. Una tasa que va descendiendo año la año a causa de la precaria situación sociolaboral de la mujer y por la ausencia de esa red asistencial.
También es cierto que los propios empresarios/as tampoco están muy por la labor de facilitar la inserción de la mujer en el mundo laboral y, de hecho, mismo presentaron un voto particular al informe del CES sobre la Ley orgánica de Igualdad. Ley que, por otra parte, llega tarde y que, no es tanto por propia iniciativa del Estado español, como por obligada transposición de una Directiva europea dirigida a reducir las desigualdades entre hombres y mujeres en el mercado de trabajo.
Para la Secretaría Confederal de este área en la CIG, una de las medidas que tendrían más eficacia para eliminar los desequilibrios en la contratación de hombres y mujeres sería, sin ir más lejos, legislar para que los padres desfrutaran de bajas de paternidad de obligado cumplimiento. Así, en igualdad de condiciones, el empresario no podría concebir a la mujer como un peso por el hecho de ser o poder ser madre y se posibilitaría que ambos, con la misma formación, habían podido ser contratados indistintamente, sin tener en cuenta ese hecho.
Las precarias condiciones laborales de la mujer no sólo tienen un efecto presente sino también futuro. El hecho de tener contratos a tiempo parcial y salarios inferiores provoca que sus cotizaciones sean también más pequeñas por el que a la hora de jubilarse o no pueden acceder a una pensión porque no cotizaron tiempo bastante –al incorporarse a la vida laboral más tarde- o tienen pensiones más bajas porque las cantidades cotizadas fueron bajas.
La realidad social demuestra que la mujer se ve abocada a buscar su propio espacio conciliador, bien en la familia, bien en el puesto de trabajo, incorporándose a él a través de jornadas y contratos en precario.
Las primeras dificultades aparecen ya en la propia incorporación a la actividad laboral que se refleja en la baja tasa de actividad femenina en Galiza, de un 54,8% en 2006 frente a la masculina 62,2, substancialmente inferiores a las de la UE.
Los datos oficiales también constatan que la mujer también padece tasas de paro más altas y de hecho este llega al 11,4% entre las mujeres y 6,1% entre los hombres.
No hay que olvidar tampoco lo que supone la sangría migratoria, ya que alrededor de 20.000 personas, de las que más de la mitad son mujeres emigran cada año en búsqueda de un puesto de trabajo.
Además, entre las que pretenden acceder a un puesto de trabajo en Galiza hay una elevada porcentaje que no lo consigue. Tal es en cuanto la tasa de ocupación se queda en el 40,5%, frente al 58,4% de los hombres. Pero las dificultades no terminan al acceder a un puesto de trabajo. La calidad del empleo es otro de los factores que influyen. Tanto si se mide en términos de estabilidad en el puesto de trabajo como en retribuciones por trabajo. En ambos los casos, las condiciones de la mujer son peores.
Por lo que se refiere a los salarios se mantiene el famoso diferencial del 27% entre los que reciben los hombres y las mujeres. Pero si se hace una desagregación por intervalos de ingresos, la situación aún es más preocupante.
La Agencia Tributaria facilita anualmente los datos de ingresos por salarios que perciben los trabajadores y las trabajadoras sin diferenciar ni tipo de jornada o de contrato o días trabajados. Las principales conclusiones que se quitan de este informe son escandalosas: el 36,4% de las mujeres que trabajaron en Galiza no alcanzaron el Salario Mínimo Interprofesional.
El 70% no superaron los ingresos salariales medios de los gallegos.
Sólo el 10% de los gallegos en el tramo de mayores ingresos son mujeres.
Dada esta situación, desde la CIG demandamos de los poderes públicos un mayor compromiso para favorecer la inserción de la mujer en el mundo del trabajo, en condiciones dignas. Esto tendría que ir necesariamente acompañado con la puesta en marcha de medidas que favorezcan realmente la conciliación de la vida familiar y laboral, además de articular medidas legislativas que permitan adaptar la realidad social a la laboral.
Es preciso, además, que las mujeres incrementemos nuestra participación en las tareas de cambio de nuestro país, de nuestra sociedad. Tenemos que cambiar entre todas el rol tradicional de mujer, y adoptar una nueva manera de socialización, defendiendo los derechos que como mujeres conseguimos, siendo respectadas sexual, física y psicológicamente, no siendo humilladas ni menospreciadas, luchando para que la maternidad no sea motivo de discriminación laboral, consiguiendo recibir igual salario por un trabajo de igual valor, e iguales posibilidades de promoción.
Las diferencias de género no se solucionan con un cambio de discurso, ni de perspectiva, sino que se requieren un cambio estructural de fondo, que se construye desde la acción. La mujer trabajadora sufrimos la opresión de género a la vez que somos explotadas incluso más que nuestros compañeros proletarios. Por lo tanto la lucha contra la opresión de la mujer debe darse a la par de la lucha contra la explotación del pueblo trabajador, y ésta en sus múltiples aspectos deberá dirigirse contra las causas que dan origen a dicha opresión: la sociedad dividida en clases, el sistema capitalista.


